Por qué la tecnología es un arma de doble filo para los derechos humanos

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IMG_0649La tecnología se ha vuelto en contra de los derechos humanos, o al menos esa fue la sensación imperante a partir de las revelaciones de Edward Snowden el año pasado. Se puso en evidencia que los avances tecnológicos que propiciaron la Primavera Árabe y permitieron a los ciudadanos desempeñar un rol periodístico durante estos sucesos, también facilitaron la vigilancia sin trabas en todo el mundo y dejaron de lado las garantías legales.
Nos enteramos de que la vigilancia de tipo Gran Hermano, un recurso que emplean los regímenes totalitarios, también está operando en Washington DC. La Agencia de Seguridad Nacional (National Security Agency, NSA) estuvo observando y reuniendo información de millones de personas bajo la supervisión del Congreso que, según la opinión de muchos, no habría ejercido un control adecuado, y con una potestad excesivamente amplia aprobada por tribunales secretos. Según se demostró a través de auditorías internas, la agencia transgredió incluso estos endebles controles.
Es evidente que las leyes sobre privacidad sancionadas antes del surgimiento de Internet y de los teléfonos móviles ofrecen una protección bastante dudosa en 2013. Los gobiernos tienen la obligación de proteger la seguridad nacional y prevenir delitos, pero eso no les otorga plena libertad para monitorear las comunicaciones de millones de personas que no se encuentran bajo sospecha. ¿Qué valor se otorga a la libertad de expresión cuando el gobierno de Obama intenta que Snowden sea extraditado por una presunta violación de la seguridad que, a los ojos de muchos, es simplemente una práctica legítima de denuncia?
El gobierno británico ha manifestado que actuó correctamente pero aún debe informar de manera clara sus prácticas de vigilancia y cuál es el impacto de estas para la privacidad. En Estados Unidos, las arrolladoras revelaciones de Snowden no fueron más que el inicio de un proceso vertiginoso que finalmente dio origen a reclamos de reforma. De hecho, se han propuesto numerosas soluciones legislativas. Un panel de especialistas conformado por Obama ha recomendado que se impongan nuevos límites a las actividades de vigilancia, a fin de lograr un equilibrio más adecuado entre la privacidad y las necesidades en materia de seguridad nacional. Por su parte, un juez federal determinó que el espionaje masivo posiblemente se considere una práctica inconstitucional.
Y una resolución de la Asamblea General de las Naciones Unidas calificó a la vigilancia global indiscriminada como una práctica que implica una grave afrenta a los derechos humanos.
Documentamos numerosos casos de civiles que murieron como resultado de ataques con vehículos no tripulados utilizados por las fuerzas estadounidenses para eliminar de manera selectiva a presuntas milicias; y si bien el gobierno de Obama se comprometió a establecer mayores límites para este programa, aún no se conoce que haya habido resultados en este sentido. A su vez, activistas de todo el mundo han persuadido a estados de todas las regiones para que analicen la posibilidad de establecer una prohibición preventiva sobre “robots de combate” y frenar así el desarrollo de “armas completamente autónomas” que permitirían seleccionar y atacar objetivos sin intervención humana.
Sin duda, en el último año se produjeron muchas otras violaciones de derechos humanos en todo el mundo, quizás incluso más evidentes. En muchos casos, la tecnología tuvo un papel fundamental en sacar a la luz estas atrocidades, particularmente en regiones demasiado remotas o peligrosas para llegar a ellas en persona. En Siria, activistas de ambos bandos del cruento conflicto utilizan Skype, el correo electrónico y YouTube para difundir información, ya se trate de videos que muestran ataques con armas químicas o entrevistas a personas que han sido testigos de otros delitos.
A través de imágenes satelitales fue posible mostrar el alcance de la destrucción provocada en Nigeria cuando soldados incendiaron vecindarios enteros de una importante localidad, pero manifestaron que solamente 30 viviendas habían sufrido daños; y también en Myanmar, cuando se perpetraron reiterados ataques contra musulmanes y sus lugares de residencia fueron arrasados completamente. Amnistía Internacional publicó imágenes de campamentos de prisioneros en Corea del Norte. Y Human Rights Watch, junto con varios blogueros expertos, utilizó imágenes satelitales, medios sociales y otras herramientas de alta tecnología para verificar datos relativos a Siria.
Twitter y Facebook permitieron que activistas y disidentes se movilizaran en Arabia Saudita, uno de los países con mayores niveles de represión del mundo. El hashtag #Women2Drive y el video de YouTube en el que se muestra a Manal al-Sharif transgrediendo la prohibición de conducir que rige para las mujeres cosecharon un amplio apoyo mundial a favor de reformas en este Reino. Una campaña en línea que se llevó a cabo en 2010 para exigir la liberación de Samar Badawi, enviada a prisión por la justicia saudí por el delito de “desobediencia a la autoridad parental”, captó la atención de los medios internacionales e influyó para que las autoridades finalmente dispusieran su liberación.
De hecho, durante el año pasado, las historias sobre derechos de las mujeres tuvieron una fuerte repercusión entre quienes siguen a Human Rights Watch en Internet. El mensaje que tuvo más retuits fue un comentario vertido por nuestra directora en Egipto, Heba Morayef, acerca del juicio que enfrentaron un grupo de jóvenes mujeres manifestantes en Alejandría: “Es demencial que fiscales lleven a juicio a jovencitas de 15 años por haber participado en una manifestación pacífica el 31 de octubre”. Los videos sobre abuso sexual infantil en la India y violencia sexual contra mujeres manifestantes en Egipto fueron los más vistos de nuestra cuenta de YouTube, mientras que el del encarcelamiento de las integrantes de la banda punk feminista Pussy Riot en Rusia fue el más compartido en Facebook.
Aun así, hay muchas catástrofes de derechos humanos que, al producirse en lugares sumamente remotos, corren el riesgo de ser ignoradas.
Un caso que evidencia esta situación es el de la República Centroafricana, donde no existen servicios de electricidad, telefonía celular ni conexiones a Internet confiables, y mucho menos usuarios de Twitter o Facebook. Según relató un investigador de Human Rights Watch, tan sólo el sonido generado por un vehículo puede ser suficiente para sembrar el terror en toda una aldea.
Rebeldes de la República Centroafricana, en su mayoría musulmanes, tomaron el poder mediante un golpe perpetrado durante la primavera pasada y lanzaron brutales ataques sobre sus oponentes, especialmente quienes se suponía que apoyaban al presidente depuesto. Como represalia, los sectores cristianos se organizaron en milicias para tomar venganza. La situación en materia humanitaria y de derechos humanos sigue siendo dramática, y se repiten los ataques sectarios contra distintas comunidades. No obstante, en las últimas semanas, tanto a través de medios tradicionales como electrónicos, diversos activistas de derechos humanos y periodistas han alertado sobre los peligros vinculados con la crítica situación de la población civil y, de este modo, han impulsado a que se adopten medidas a nivel internacional, como el envío de más tropas, ayuda y protección.
Y, por supuesto, algunos abusos no se ven a simple vista. A pesar de que Rusia tomó medidas enérgicas contra la disidencia y ha legalizado la discriminación de las personas LGBT, publicitó al mismo tiempo los próximos Juegos Olímpicos de Invierno de Sochi como un evento de talla mundial. Posteriormente trascendieron versiones sobre residentes de aldeas locales que, según se indicó, habrían sido hostigados y expulsados para permitir la construcción de instalaciones para los Juegos Olímpicos, y sobre trabajadores de la construcción que sufrieron abusos y no habrían recibido su paga.
En Estados Unidos, fue necesario que se alzaran miles de voces a través de medios sociales y recursos más tradicionales como vigilias, huelgas de hambre y actos de desobediencia civil para que la reforma de las leyes de inmigración fuera incorporada en la agenda del Congreso. Los republicanos en la Cámara de Representantes manifiestan que este tema será prioritario durante el mes de enero, y los defensores de esta causa esperan que la Cámara finalmente tome medidas para recomponer el sistema de inmigración, que ha quedado desintegrado, a fin de crear un camino justo hacia la legalización que tenga en cuenta la unidad de las familias.
Quizás 2014 también sea el año (tan postergado) en que el Senado ratifique la Convención sobre los Derechos de las Personas con Discapacidad, y posicione nuevamente a Estados Unidos como líder de iniciativas globales destinadas a fijar estándares de derechos humanos más ambiciosos para este grupo marginado.
La tecnología también puede contribuir a estas iniciativas. Un gran desafío para 2014 será aplicar nuevas herramientas y tácticas para un cambio positivo y, al mismo tiempo, lograr frenar los esfuerzos de quienes, con la misma determinación, procuran utilizar la tecnología para robar, espiar o reprimir la disidencia.

Fuente: Human Rights Watch

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