Derechos Humanos/Human Rights

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IMG_0901Fuente: Comisión Interamericana de Derechos Humanos

CIDH insta a Estados a garantizar ejercicio pleno de derechos humanos de personas con discapacidad       

 

Washington, D.C. – En ocasión del Día Internacional de las Personas con Discapacidad, que es el 3 de diciembre, la Comisión Interamericana de Derechos Humanos (CIDH) hace un llamado para que los Estados miembros de la Organización de Estados Americanos (OEA) garanticen el ejercicio pleno de los derechos humanos de las personas con discapacidad, quienes históricamente han enfrentado serios obstáculos físicos y sociales para ejercer plenamente sus derechos.
Según cifras de la Organización de Naciones Unidas, se estima que más de mil millones de personas viven con algún tipo de discapacidad, constituyendo aproximadamente el 14% de la población mundial. En particular, en América Latina y el Caribe, alrededor del 12% de la población comparte esta condición de vida, lo que involucra a alrededor de 66 millones de personas.  
La Comisión destaca que la Convención Internacional sobre los Derechos de las Personas con Discapacidad (“CDPD”), ratificada por 28 de los 35 Estados miembros de la Organización de Estados Americanos, establece un cambio de paradigma en relación con el tratamiento de las personas con discapacidad. Con base en éste, se aborda esta temática desde una concepción social, que entiende a la discapacidad como el resultado de la interacción entre las personas que tienen esta condición de vida, con diversas barreras que impiden su participación plena y efectiva en la sociedad. En consecuencia, las personas con discapacidad dejan de verse como “meros objetos de protección” para ser tratadas como “sujetos de derechos y obligaciones”.
Por su parte, esta Comisión, a través de sus distintos mecanismos de promoción y protección, ha abordado esta importante temática, y ha recibido información sobre múltiples afectaciones a los derechos de las personas con discapacidad en las Américas, tales como la falta de reconocimiento de su capacidad jurídica; la carencia de servicios comunitarios que propicien la integración de las personas con discapacidad a la comunidad; el ingreso a instituciones de corta y larga estancia sin consentimiento; la falta de servicios de salud, habilitación y rehabilitación; la inaccesibilidad en el entorno físico, transporte, información y comunicaciones; los obstáculos en el acceso a la justicia; la falta de ajustes razonables en materia de empleo y educación, y la limitada participación política.

Al conmemorar el Día Internacional de las Personas con Discapacidad, la Comisión insta a que los Estados miembros de la OEA adopten todas las medidas legislativas, administrativas y de cualquier otra índole a fin de garantizar la protección efectiva de los derechos humanos de las personas con discapacidad de conformidad con los estándares internacionales más protectores en la materia. Lo anterior, contando con la participación de las personas con discapacidad como actores en sus propios procesos, y teniendo en cuenta los principios rectores del enfoque social de la discapacidad, tales como la autonomía e independencia de las personas con discapacidad, la no discriminación, la igualdad de oportunidades, la accesibilidad, y su participación e inclusión plenas en la sociedad.

La CIDH es un órgano principal y autónomo de la Organización de los Estados Americanos (OEA), cuyo mandato surge de la Carta de la OEA y de la Convención Americana sobre Derechos Humanos. La Comisión Interamericana tiene el mandato de promover la observancia de los derechos humanos en la región y actúa como órgano consultivo de la OEA en la materia. La CIDH está integrada por siete miembros independientes que son elegidos por la Asamblea General de la OEA a título personal, y no representan sus países de origen o residencia.

E667E303-E527-42B7-8852-817CC3184CCBFuente: The Guardian

Dominic Grieve: quitting ECHR could damage UK’s constitution  
Ex-attorney general exposes rifts among Tories between those who want to reform human rights court and those keen to exit it
Opting out of the European court of human rights will have devastating consequences for the UK, the former attorney general, Dominic Grieve QC, has warned.
In a detailed critique of his own party’s policy, the Conservative MP cautioned that the threat to quit the Strasbourg court was undermining respect for international law and could loosen the constitutional ties that hold the UK together.
Grieve, an advocate of ECHR reform, was removed from his post in the last government reshuffle along with the former justice secretary, Ken Clarke, and other justice ministers opposed to withdrawal from the Council of Europe and the EU.
Grieve’s speech at University College London exposed deep rifts within the Conservative party. It is his most comprehensive demolition so far of political opponents’ arguments.
In October, the current justice secretary, Chris Grayling, published a Tory policy document, Protecting human rights in the UK, aimed at reducing the influence of the Strasbourg court, accusing it of “mission creep” and saying its rulings would no longer be binding on UK courts. He proposed withdrawing from the European convention on human rights if a looser relationship could not be renegotiated. The proposals were endorsed by the prime minister, David Cameron, and the home secretary, Theresa May.
“Such a course may be strictly lawful,” Grieve commented, “but its practical consequences are likely to be as devastating both for ourselves domestically as it will be for the future of the convention.”
Withdrawal, he pointed out, “calls into question the devolution settlements for Wales, Scotland and Northern Ireland, which enshrine convention rights as governing all their actions”. In the case of Northern Ireland, Grieve added, the convention was part of the Good Friday agreement, an international treaty signed by the Irish government.
Opting out “opens the prospect of a new area of political discord [in Northern Ireland] quite apart from the possibility of our courts having to operate different systems in one country,” he said. “For a Unionist party, this seems a strange thing to do.”
Removing Strasbourg would also encourage the Luxembourg-based European court of justice, which decides EU issues, to “expand its jurisprudence to give redress” ensuring that “judgments against the UK will then have a direct effect here”.
The damage done to the convention would be even greater, Grieve suggested. “It is inconceivable that we can negotiate a special status for ourselves within it and why our departure as one of its principal creators and supporters will be so damaging,” he said.
Tory defiance of Strasbourg rulings is already being cited by countries as diverse as Russia, Kenya and Venezuela as grounds for ignoring or stalling on their international treaty obligations. “As a Conservative, this pains me,” said Grieve, who pointed out that journalists have been protected by past Strasbourg cases under article 10 of the convention, guaranteeing freedom of expression.
“I am struck by the paucity of concrete examples of Strasbourg mission creep that are identified to justify a case for change,” he said. While acknowledging that criticism of the court’s judgment on prisoners’ voting rights were valid, he said reforms initiated by himself and Clarke in the 2012 Brighton declaration had reinforced the discretion of national courts.
“We might have achieved more if fellow signatory governments had not been deterred … because of a fear we wished to diminish the court’s effectiveness,” Grieve said. The Conservative policy document would make further progress harder to achieve.
Delays caused by the Strasbourg court in deporting the fundamentalist preacher Abu Qatada “may have been irritating”, Grieve conceded, but they ultimately resulted in Jordan pledging not to use evidence obtained by torture, which was a significant achievement.
“The [government] response was to view the glass as half empty when it was, to my mind, rather more than half full,” Grieve said.
He added: “Those of us in the party who see the maintenance and promotion of an international system of human rights as being in the national interest and entirely in keeping with the Conservative tradition of freedom under the law will win that argument … but we must not stay silent.”
Delays to the deportation of foreign nationals who have committed crimes in the UK have “little to do with the ECHR,” Grieve said, “and a lot more to do with the failure of the UK Borders Act 2007.”

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