Derecho Internacional / International Law

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mundo_10El mar de China y el derecho internacional

Fuente: El Economista 

La disputa por el control de las vías del mar del Sur de China va camino de convertirse en enfrentamiento. La tensión ha ido en aumento en los últimos años. Altercados, incidentes y acusaciones cruzadas se suceden entre los Gobiernos reclamantes debido al aumento de la presencia militar china en la zona.

China y Rusia siguen renovando su armamento nuclear y los medios para transportarlo. EEUU y su arsenal atómico constituyen la única esperanza disuasoria y a la vez el mayor respaldo de países vecinos como Taiwán, Malasia, Vietnam y Brunéi para resistir las provocaciones. También para Filipinas. Su alianza con EEUU es ahora más complicada por el autoritario e imprevisible presidente, Rodrigo Duterte, bautizado por los medios como el “Trump de Asia”. Al menos en cuanto a China de momento se está mostrando contemporizador y abierto al diálogo.

La controversia entre Manila y Pekín gira entorno al atolón de Scarborough del que China tomó posesión hace tres años, localizado a menos de 200 kilómetros del litoral filipino. Afecta igualmente a parte de las islas Spratly, un grupo de más de 750 arrecifes, islotes, atolones y cayos. Su soberanía es asimismo reclamada total o parcialmente por los demás vecinos mencionados. Todos los países ribereños han ratificado la Convención sobre Derecho del Mar de Naciones Unidas de 1982 (CDM).

EEUU subraya su neutralidad. Prueba de ello es que el secretario de Estado ha instado tanto a Manila como a Pekín a rebajar la tensión en el conflicto territorial. Esta semana Kerry se ha reunido con Duterte tras entrevistarse con su homólogo filipino, Perfecto Yasay. Ha pedido moderación y el inicio de un proceso diplomático para buscar soluciones.
En esta línea, Washington reclama a Pekín que respete el derecho internacional. En concreto, el fallo emitido el pasado día 12 por la Corte Permanente de Arbitraje de La Haya.

La decisión es vinculante si bien la corte carece de facultades ejecutivas. El dictamen niega los derechos históricos alegados por China para reclamar la propiedad de varias islas e islotes disputadas con Filipinas en el citado mar.

Base jurídica de la resolución ha sido la CDM. Los cinco árbitros decidieron por unanimidad. El laudo sostiene que la reclamación china “no tiene base legal alguna”. Afirma que ha violado los derechos soberanos de Filipinas en su Zona Económica Exclusiva al interferir en la actividad pesquera, construir ilegalmente islas artificiales y causar daños ambientales irreparables a los arrecifes coralinos. Agregó que cualquier instalación artificial que Pekín pretenda construir sobre los atolones del mar en discordia no tendrán consecuencias en materia de soberanía.

China ha rechazado la sentencia que tacha de “ilegal” y “nula”. Nunca reconoció la jurisdicción de este tribunal al que considera una “marioneta”. Incluso ha amenazado con que “podría producirse una confrontación”.
Sin embargo, este fallo será fundamental para los diversos intereses encontrados: recursos pesqueros, petroleros y gasísticos. Y, más importante, clave para establecer la seguridad en el sureste asiático. Sobre todo teniendo en cuenta el expansionismo chino y su programa de construcción de islas artificiales.

Ante la política china, claramente revisionista, la actitud norteamericana no deja de ser hipócrita. Defiende sus intereses globales y apoya a sus aliados en base al “respeto” del derecho internacional y argumentando la libertad de navegación. Cuando ni siquiera ha firmado la CDM. Si como es de esperar mantiene su constante presencia naval con el objetivo geopolítico declarado de asegurar la libertad de navegación hará bien en adherirse cuanto antes.

China, parte de la Convención, continuamente cuestiona el ordenamiento jurídico. No obstante, pudiera ser que su protesta ante el dictamen adverso sea ante todo para “consumo interno”. Aunque dice no aceptarlo, ha acusado el golpe. Hasta que consiga imponerse el derecho internacional será, pues, determinante la relación entre EEUU y China.

No es previsible que a corto plazo Pekín reduzca su inquietante presencia en la zona. Más a partir de aquí pueden darse pasos si Filipinas -y Washington debe dejarlo muy claro en Manila- no humilla a China exigiendo el reconocimiento inmediato de la sentencia. A medio plazo la decisión del Tribunal puede servir para moderar las posiciones chinas y suavizar su retórica.

¿Cómo? Generando una red de convenios bilaterales y multilaterales. Comercio para impulsar el desarrollo. Acuerdos específicos de cooperación para el fomento del turismo, la explotación pesquera, mineral y de hidrocarburos.
Puede parecer una solución en exceso optimista pero de no lograrse la amenaza de confrontación bélica es muy real.

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